miércoles, 27 de mayo de 2009

aulas de medios

http://www.youtube.com/watch?v=NyExbp0JssI

aulas de medios

http://www.youtube.com/watch?v=kVyzk3pePhQ

jueves, 21 de mayo de 2009

Atencion a los alumnos

ESCUELAS DE CALIDAD. DE LA TRADICIÓN Y A LA INNOVACIÓN
Establecer la equidad como criterio y la justicia como horizonte permanente
en acciones académicas.
Por: J Cruz Escalante Álvarez*
escalcoy@hotmail.com
En la tarea educativa, se percibe una sensación: cada vez ‘hay menos tiempo’, y todo
se hace, menos lo fundamental. Por lo que hemos reflexionado sobre esas cosas que
hacemos a propósito de los “usos y costumbres” que en las escuelas suele ser más
fuerte que la posibilidad de innovar en la transición hacia mejores estadios de calidad.
Y es que a nadie le resulta casual que se den acciones asociadas a la “cultura
escolar”, que no están determinadas en la misión institucional de la escuela referida en
los documentos de orden legislativo, y para las cuales aplican ciertos criterios, mismos
que vale la pena cuestionar en función del resultado esperado, la visión y los objetivos
de la institución. Pretendemos reflexionar este tema, partiendo del posicionamiento
sobre casos específicos, recurrentes en el marco del Programa Escuelas de Calidad.
La actual política educativa sugiere reformas estructurales, organizativas y culturales a
concretarse en un nuevo modelo de gestión donde cada escuela implemente patrones
innovadores que pongan sus diferentes procesos en la lógica de la mejora continua,
pero además, que tenga un impacto en los aprendizajes de todos los alumnos; aquí
empieza el debate, o mejor dicho pareciera que no acaba de comenzar.
La Tradición
Primero abordaremos los ancestrales concursos, los tenemos desde los que se
inventan a nivel sectorial hasta los que existen por viejos decretos de la SEP como la
Olimpiada del Conocimiento y la Ruta de la Independencia, en donde hemos tenido
constancia en sus casos más aberrantes, de docentes que en la búsqueda de un
reconocimiento institucional de poco sentido social, concentran sus esfuerzos en
‘preparar’ al ‘caballito de batalla’ que pueda ser un buen candidato al primer lugar,
pero por condiciones intelectuales naturales propias más asociadas con una buena
influencia contextual que con una asistencia técnica especializada. La pregunta
forzada es ¿Y los demás alumnos… Qué?.
Guías, exámenes y un raudal de apuntes, son entonces objeto de memorización a fin
de satisfacer la mayor cantidad de reactivos; luego viene el concurso, escenario de
presiones que se extienden desde el o la docente responsable, la o el directivo, e
incluso la supervisión; si se concretan los pronósticos, el alumno que resulte ganador
será acreedor a la promesa de la convocatoria, pero he aquí el dilema: los resultados
de ese alumno aunque representativos de un grupo, grado, centro escolar o zona
escolar, no significa que sus colegas de grupo, homólogos de grado, compañeros de
escuela o zona, estén en condiciones de lograr de igual forma la presea.
Sin embargo, muchos esfuerzos y recursos se siguen invirtiendo en ello. Todo mundo
ocupa su tiempo en el afán de conseguir “un ganador”, en la mayoría de los casos
descuidando a ‘los demás’.
Un segundo punto a comentar, es el de los ritos escolares; desde actos protocolarios
de entrada y salida asociados con técnicas militares comandados por el docente de
guardia o directivo que se desvive por imponer la disciplina a las filas de alumnos que
exacerban, o a menos de que se les condicione a gritos o sanciones, lo cual genera
 Coordinador Académico del PEC en Zacatecas
una rutina que emplea los primeros momentos del día, para después entrar al aula
donde en un tiempo igualmente preciado, otras cosas habrán de ocurrir antes de
entrar en materia, desde la lista de asistencia, la tarea, el ahorro, la tanda, la revisión
de la higiene, los regaños y sanciones que se generen y un considerable paquete de
etcéteras; y al regreso del recreo, otra rutina (incluso así se le dice).
El tercer punto, de suma polémica: los viajes de estudio, de los que nos ocupa
cuestionar ¿Bajo qué criterio(s), se eligen a los alumnos a participar, se deciden los
lugares y los tiempos? (entre otras cosas). Y es que es muy recurrente, penoso y
lamentable, que en las escuelas se conciba como objetivo específico, regalar con
recursos de toda la escuela, un paseo para los alumnos de más alto aprovechamiento;
es decir, se estimula después de los resultados, lo cual no es estímulo, sino
recompensa; se premia y reconoce a los agraciados, a los ‘de siempre’, a los que si
tienen oportunidades; consolidando así los supuestos de discriminación abriendo más
la brecha entre los favorecidos y los desfavorecidos. Si el criterio fuera “estimular”, los
viajes se harían al inicio del ciclo o de los procesos y no al final. Si el criterio fuera
cerrar las brechas de inequidad y de injusticia social, los viajes se harían a lugares
más modestos pero para todo el alumnado. Si el criterio fuera fortalecer los
aprendizajes, los viajes serían a lugares educativos y de alto impacto para los alumnos
de más bajos promedios.
Una escuela de calidad se concibe como la que logra el equilibrio y asegura resultados
en los aprendizajes de todos sus alumnos, no de unos cuantos.
Un cuarto punto lo reservamos para lo que ocurre en el aula, desde la organización
grupal, el acomodo del mobiliario, la ubicación entronada del docente, el espacio para
los artículos del aseo y el que se destina para almacenar libros, materiales y a veces
con presencia de utensilios que ya no se utilizan (por no decir basura).
Estamos en la era de la comunicación inalámbrica a nivel global, donde las
organizaciones son cada vez más sólidas, adquieren formas e implementan sistemas
acordes a nuevas exigencias sociales, pero en nuestras aulas el alumnado sentado en
filas sigue escuchando lo que su docente dice; tal vez tenga al alcance nueva
tecnología, nuevo docente, nuevo proyecto; habría entonces que ver si la metodología
y las prácticas son acordes a los ritmos y estilos de aprendizaje del alumnado.
El quinto punto es para poner de manifiesto una contradicción entre adquisición de
conocimiento, desarrollo de habilidades y la adopción de nuevas actitudes. Pareciera
como si 12 años de exploración a los enfoques no bastaran para entenderlos y
aplicarlos, sin embargo en el reactivo de Carrera Magisterial queda literalmente bien
contestado – por ejemplo - qué es el enfoque comunicativo – funcional, resultado
también del tiempo clase dedicado al estudio de las guías y los documentos de apoyo.
Y luego denunciamos: un nivel “D”, no refleja que un compañero sea más eficiente y
eficaz, ni tampoco se manifiesta en mejores resultados de aprendizaje del alumnado.
Finalmente. Desde programas estratégicos y de desarrollo, así como proyectos
alternativos y movimientos pedagógicos, se le ha venido exhortando a la escuela que
‘cambie’ sus formas de hacer gestión. Y no sólo mejorando el discurso, sino
implementando estrategias que si se aplican bien, obtienen un reflejo inmediato en sus
preocupaciones y ocupaciones, aunque también se dan los casos donde propuestas
locales emergen y redimensionan el quehacer educativo adoptando nuevas decisiones
en función de nuevas exigencias. Pero en contraparte, encontramos un esquema
vertical, burocrático, radical y polarizado, que refleja el sistema en su conjunto, que se
resiste a centrar su atención en la escuela, que se ha olvidado de su razón de ser, y
que a menudo termina inhibiendo cualquier posibilidad de desarrollo en el marco de
una autonomía, que no ha logrado trascender a la retórica. La pregunta es: ¿Qué
estará pasando con la estructura que circunda a la escuela?.
Y es que la misión de la escuela que queremos, no es seguir instrucciones generadas
fuera de su contexto, sino asegurar los aprendizajes que requieren los alumnos en el
tiempo destinado para ello.
En fin, son muchas las acciones que se hacen, se repiten y se vuelven a repetir y
pareciera que nadie sabe por qué o para qué, simplemente se hacen.
Es válido en tanto, que cuestionemos con insistencia que todas esas cosas pasen en
la escuela desde tiempos inmemoriales, que antaño como alumnos hayamos padecido
deficiencias del sistema escolar y que ahora como docentes empeñemos nuestro
tiempo en impartir clase en formas más o menos similares, diferenciadas apenas por
el apoyo de un televisor o una computadora. Sobra decir, que así no se asegura la
calidad; que ésta no se obtiene por decreto o por consecuencia directa de mayores
recursos, que es necesario revisar las formas y mejorarlas permanentemente en
función de nuevas expectativas.
La innovación
Innovar ha sido y sigue siendo el gran reto, es decir, desarrollar la capacidad de
inventiva de los todos los actores educativos a fin de implementar nuevas decisiones
que coadyuven a la generación de mejores resultados educativos. Aunque la
innovación no implica sólo tomar una decisión diferente, sino una decisión diferente
cada vez, en función de una mejora permanente.
Algunas escuelas han avanzado en la implementación de acciones de fortalecimiento
académico en un despegue estridente del Plan y Programa de Estudios, agregan valor
a las clases, registran sus procesos organizativos, administrativos, áulicos; han
avanzado en la sistematización de sus prácticas exitosas, y cada nueva acción,
fincada en las capacidades de profesores comprometidos y directivos con liderazgo
eficaz; sin duda, son escuelas que de manera singular están convencidas de la
oportunidad histórica de trascender, ofreciendo un educación de mayor impacto social;
son colegiados que están encontrando razones profesionales de ser y hacer, que ven
más allá de la certidumbre de sus prácticas, las someten al análisis y a la reflexión
permanente, y no se conforman con lo que tienen.
Estas escuelas, han encontrado más que la regularización de su servicio, el equilibrio
de sus procesos, porque una buena escuela no es la que admite sólo a los mejores
aspirantes y exige mucho a los alumnos. Tampoco es la que acepta sin selección a
todos los solicitantes y los mantiene hasta el final del trayecto1. Es aquella que recibe
con criterios claros al alumnado, reconoce su diversidad, identifica factores de riesgo y
emplea sus esfuerzos para regularizarlos. Cada vez son más las escuelas que
reconocen que no es expulsando a los alumnos como se resuelve un problema, pues
lo que para la escuela es un problema, para las familias y la sociedad en su conjunto
es una necesidad de atención garantizada por la Constitución como legítimo derecho,
y si la escuela renuncia a esa misión social, acepta tácitamente su incapacidad para
resolver las necesidades educativas y la atención a las diferencias sociales. Más que
eso, aumenta la brecha de inequidad y de injusticia que se viven entre sectores
sociales, contrario a la razón de existir de la institución educativa que es asegurar un
mejor futuro para el alumnado.
1 Fuente: La Calidad de la Educación Pública en México, 2003. Fundación Este País Conocimiento Útil.
INNE. 2004
Asumir el reto, no es sencillo, por el contrario, presenta una gran complejidad por lo
que implica en el sentido de reconocer que no se puede impartir una clase igual para
alumnos que son diferentes, no se puede garantizar el éxito de la aplicación del
currículo, cuando este no ha sido planificado y evaluado en relación a lo que el alumno
requiere.
Hoy en día se presentan nuevos escenarios, por ejemplo, la tendencia hacia la
transversalidad y la multidisciplinariedad, lo cual muestra que los docentes han llevado
sus pretensiones y preocupaciones a otro nivel, al de su profesionalización, donde hay
lugar a intervenciones no antes vistas, en planos alternativos que van desde
participaciones e intercambios académicos hasta estancias académicas para el
fortalecimiento de su práctica.
Así, los docentes han desfasado sus antiguos espacios y se han apostado a la
conquista de otros; lo cual representa una nueva demanda para las entidades e
instituciones públicas y privadas que ofrecen servicios de actualización y capacitación.
Antaño los profesores que requerían un servicio de preparación, acudían a las
entidades e instituciones a recibir sus servicios oficiales; ahora las instituciones y
entidades han tenido qué modificar sus políticas internas al grado de rebasar sus
espacios físicos y curriculares, para ofrecer paquetes acordes a las necesidades del
profesorado.
En el marco del PEC, muchos maestros (los que han asumido que una escuela de
calidad empieza por su formación), han ampliado su horizonte hacia nuevas teorías,
nuevas metodologías y nuevos patrones culturales; han viajado incluso a otros países
para aprender lo nuevo; pero eso no significa la conversión automática a la innovación
permanente de la práctica. Ese es el peldaño a escalar.
Toda definición práctica innovadora que tienda a impactar en los aprendizajes del
alumnado, sigue en espera.
EPÍLOGO
Ahora corresponde al profesorado, que en el marco de una realización profesional de
calidad, orienten sus acciones y pretensiones en el aseguramiento de los resultados
académicos, finalmente toda acción emprendida que sea justificada en función de
incrementar el logro educativo, tiene éxito asegurado, lo demás no tiene sentido.
Aclarando, no todo rompimiento con la tradición, es innovación; para innovar, se
requiere preparar escenarios, estimar logros y resultados que sean a la vez el motor
de las acciones. En ese entendido, toda acción que sea planificada debe tener un
sentido colectivo, una ejecución colectiva y una evaluación colectiva, a fin de definir la
planeación de un nuevo ciclo que supere las expectativas del anterior. Así son los
círculos de calidad, así se plantea que las comunidades educativas gestionen sus
metas, concentrando su interés no hacia lo urgente sino a lo importante; hoy se tienen
elementos de partida y de llegada, existen (de recién publicación) nuevos ‘criterios de
desempeño de la escuela pública mexicana’, hay estándares de calidad aplicables a
todas las escuelas públicas del país, faltaría que cada escuela estableciera sus
propios criterios y normas locales de desempeño, estableciera sus propios estándares
de calidad e indicadores de resultado.